jueves, 30 de julio de 2009

Si fuera un cuento de hadas, empezaría así: “La princesa está triste”. Y cuando la princesa está triste, un silencio profundo y abrumador invade su castillo, esa fortaleza inmensa a la que sólo ella puede darle vida y llenarla de color y alegría. Pero la princesa no está con ganas. Se despertó sin energía, le pesa el cuerpo, le duele algo: no tiene ganas. Y a pesar de todo, lo intenta. Ella, que siempre encuentra la fuerza necesaria para hacer lo que quiere, nada la detiene, no siente miedo y sabe que su voluntad reina por sobre cualquier otro estado de ánimo. ¿Cuántas veces estuvo mal? Pocas, pero las recuerda muy bien. ¿Cuántas se sobrepuso al dolor? Todas. Esta vez también va a poder, piensa, respira profundo y decide levantarse de un impulso a la cuenta de tres. Nada. Mejor hasta diez. Nada. Y entonces se rinde ante la única certeza con la que despertó esa mañana: no tiene ganas. Mientras tanto, puertas afuera, el silencio empieza a resultar incómodo. ¿La señora está enferma? No. ¿Se acostó tarde? Tampoco. Y sin embargo, la única respuesta es que la señora, ya no tiene ganas.

No hay comentarios: