martes, 7 de julio de 2009


Influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus propias pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en el eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no ha sido escrito para él.

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